Me mata la presión en el pecho,
lo esquivo de tu mirada,
el lugar del infinito donde murió tu voz
y el recuerdo de esa voz.
Me matan los olvidos
cuan cálida era tu piel
y tu risa
deshojada de tiempos
de esos tiempos
donde morían tus ojos
adormecidos en el soborno de una caricia.
Me mata la vida
que me recuerda todos los días que moriré
como si hiciera falta,
no se da cuenta el verano
que ya es invierno
y que tus ojos
siguen sin aparecer.
Si solo pudiera mentir tus pestañas
tus ojos que ríen.
Si solo pudiera mentirte
y en el arrebato final
hacerte aparecer.







