No necesito conocer el camino
para ir hasta mi alma,
si se la pasa silbando bajo
como si me llamara.
Mi alma tiene café recién hecho
y una sonrisa tan clara,
y es de mirar a los ojos
cuando alguien le habla.
Mi alma salió corriendo un día
sin saber lo que pasaba
y ahí estaba ella
como la noche cerrada.
Mi alma volvió nuevamente a su casa
ya no cree en nada
mal dormida y agotada,
que suerte que el viento sur,
le insufla nuevas ganas.
Mi alma volvió
muchas veces a su morada,
mi alma es consecuente y respeta la parada.
Mi alma al fin y al cabo es una eterna regresada,
por eso
me llevo bien con mi alma,
y en las noche de invierno como estas
es la que me canta y me acompaña.


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