Amonestado,
de pura inocencia baldía
dejó atrás,
mujer y Dios.
Amonestado,
esperó castigo
sin saber que había hecho
y ya la aurora le cegaba el alma.
Amonestado,
entre sonidos de ayer
vajó al bar de la esquina,
tres tragos y una mesita
y se sentó a esperarla,
ella nunca fue.
Amonestado,
llenó de culpa la noche
y rompió en llanto.
Amonestado,
tomó una copa de vino
la extrañó aún más
y en el medio del eclipse
le dijo a la luna,
como ella se llamaba.


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