Desgarro del alma mía
y de tu piel, de cobre y miel,
trozos de una noche vieja
esparcidos entre tus ojos y mis lágrimas.
Me miro en tu ausencia
y me estiro,
me acerco a tu cielo tan vecino al mío
y solo tanteo el aire
de otra noche que nunca será nuestra
y de mi propia definición de nada.
Aspavientos de loco
me conminan a un inmediato silencio
que tiene sabor a nibla,
nada se ve entre tus labios
y aquel beso que no llega,
por la niebla que odio tanto
en noches como esta.


No hay comentarios:
Publicar un comentario