Olvidar los párrafos de tu piel
y no volver a leer tus piernas.
Olvidarte,
que el rezo de tu bientre
no se pueda repetir,
ni rezarte dormido
mecánicamente
palabra tras palabra.
Olvidarte,
decirle a la muerte que ya no te quiero
y que la muerte me crea
Que farfullada por lo bajo
sea noche espeza tu huida
y que no se entienda tu adiós.
Que ni se escuche
y me mienta al oído
tu vieja voz
de gritos amargos
que me mienta la vida
y me diga caricias falsas
que me mientan
y me digan que no.
Que el lucero tempranero
no se acuerde de mí
y llegue la noche a ser mañana
Y que el cielo
sea negro como la rabia
Y rápido llegue la aurora.


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