toda la vida
añorando la falta.
Esperando la ausencia,
los sábados parecen nunca llegar
y de pronto
todo el tiempo tiene gusto a besos.
Como la vida muerde los costados
de la semana,
de tus piernas
y su falta
de sábados a la tarde.
Soledad de mil pájaros
llamando la mañana
esperando que se vaya.
Todos los pájaros saben
que tienen toda la tarde
para cantar.
Nadie,
salvo un imprevisto,
viene a controlar,
si es nuestro sábado
ese que madrugamos,
tiempos muertos,
ese que en sepia
soñamos despiertos
cada una de las rojas tardes
de ayeres y promesas.
Vos y yo
mirando al cielo,
temblando de miedo,
de que el tiempo se equivoque
y nos diga un día,
esta vez no.


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