Intento otear tu vuelo
desde el alto milagro de tu piel,
desde un marron de río
te obsevo,
y brilla el sol y el agua
al ver saltar un dorado
que infunde emoción.
Es Dios que solo te imginó
y por eso desespera al escucharte
y rompe en río
y salta para verte.
Y se confunden los marrones,
el de tu piel
el de mi tibieza
y mi marrón desesperado
en la costa del Paraná,
que de marrón en marrón
sueña con que nuestras bocas
sean más que río y melancolía
y exploten en marrón tanto deseo.


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